Hablemos de las adicciones

Empecemos por lo más importante que es responder la pregunta ¿Qué es una adicción?, La OMS define la adicción como una enfermedad emocional, física y con predisposición genética cuyas características son:

  1. No es consecuencia de otras enfermedades.
  2. Es crónica, es decir persiste a lo largo del tiempo.
  3. Es progresiva que significa que conlleva cambios físicos, emocionales y sociales acumulativos y que se incrementan mientras el abuso continúa.
  4. Puede ser mortal, tiene consecuencias fatales para el propio enfermo y eventualmente para las personas de su contexto.

La persona que sufre una adicción generalmente afecta a las personas cercanas a el, algunos dicen que al menos 3 personas se verán afectadas pueden ser los padres, pareja, hermanos, hijos, entre otros.

Ninguna sociedad a lo largo de la historia ha estado libre del problema de las adicciones, muchas familias les toca trabajar con este problema sean sustancias psicotrópicas, alcohol, etc., el problema es y estará presente en la medida que nos afecte de alguna manera el estrés o tengamos algún tipo de problemas sin resolver.

Ante estas situaciones el rol de la familia como circulo de confianza de la persona que sufre la adicción es vital, siendo muchas veces reconocida como elemento fundamental en el tratamiento.

Debemos tener en cuenta que la familia puede jugar un doble rol, ya sea el rincón de protección de la persona en la cual se sentirá en confianza y protegido, o una fuente de estrés que pueden al final ser eventos que conllevan al uso de sustancias adictivas, siendo especialmente relevante en aquellas familias en conflicto, desestructuración y pobre comunicación, por lo que es necesario entender como las relaciones afectivas y de apego entre sus miembros y el clima imperante pueden asociarse con alteraciones conductuales y socio-emocionales de sus miembros, muchas veces los problemas intrafamiliares son los desencadenantes iniciales de la conducta adictiva.

Una adicción se forma de dos componentes el físico y el mental, el nivel físico consiste en que al cabo de un tiempo se desarrolla una dependencia química a las sustancias, ya sea el alcohol o las drogas. Esta dependencia provoca que el adicto cuando consume la sustancia no pueda dejar de consumirla y vaya intoxicándose cada vez más, por otro lado el componente mental, cuando al consumir la persona se siente liberada de el agente que lo impulsa a consumir en primer lugar, dándole una felicidad artificial y que lo lleva a que aunados el factor físico y el mental, termine siendo dependiente de la sustancia.

La adicción se caracteriza por episodios continuos o periódicos de descontrol, a pesar de consecuencias adversas, y por distorsiones del pensamiento, especialmente la negación de padecer la enfermedad y sus consecuencias.

La recuperación es posible. Aquéllos que han estado a punto de quedar destruidos por la adicción han sido capaces de encontrar un camino hacia una nueva vida.

Un adecuado tratamiento y apoyo familiar son la clave fundamental para una exitosa recuperación que facilite al adicto controlar sus impulsos y dejar de consumir mejorando su calidad de vida.

Otra forma de ver la adicción es como el resultado del intento de una persona de autogestionar sus sentimientos o sus vivencias personales mediante el uso de sustancias o de comportamientos.

Llegan ahí por una necesidad inmediata de sentir algo diferente a lo que normalmente sienten. Puede que consuman para calmarse, consolarse, aliviarse, tranquilizarse, relajarse, estimularse, activarse, o empoderarse, entre otros motivos. El hecho de que al principio sea muy efectivo para modificar el estado de ánimo, la percepción y las vivencias, hace que las personas sientan el impulso de repetir la experiencia.  

Si bien al comienzo la persona siente que tiene el control sobre las sustancias que consume o sus comportamientos, a medida que la relación se intensifica, el comportamiento se perpetúa. Como consecuencia, la adicción toma el control. A medida que ésta gana fuerza, las funciones del cerebro se van adaptando, lo cual explica en parte por qué resulta tan complicado dejar de consumir.

Independientemente de cómo comenzó la adicción, llega un momento en el que el consumo de la persona continúa, simplemente porque se ha enganchado. Realmente es como un círculo vicioso. El ansia por evitar las sensaciones tan incómodas derivadas de no consumir (o del síndrome de abstinencia), les impulsa a continuar consumiendo. Se enzarzan en una lucha inútil y desesperada por controlar la adicción.

Todas las manifestaciones de la adicción, en mayor o menor plazo de tiempo, tienen consecuencias destructivas en la vida de las personas. A medida que la condición progresa, otras actividades parecen, en comparación, menos agradables o intolerables porque no refuerzan el circuito del placer cerebral en igual impacto.

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